“Tendemos a creer que no hacemos el papel de víctima, especialmente si estamos trabajando con nosotros mismos y ya nos consideramos concientes y fuera de este flagelo. Lamento desilusionarte/me: nadie de nosotros lo está. Sigue incrustado en nuestras células, en nuestra sangre, en nuestros comentarios y pensamientos, en nuestras relaciones. Es una raíz insidiosa, propagada lenta y profundamente a lo largo de toda/s nuestra/s vida/s, instalada en las familias y la sociedad. Nadie está libre.
Toma muchos ropajes. El más trillado es, por supuesto, el de quien está bajo el dominio de alguien (padres, hermanos, jefes, amigos, etc.). Lo reconocemos fácilmente. Lo que no vemos es que ésa es una relación disfuncional en la que ambos se necesitan mutuamente. En realidad, no hay víctima/victimario, sino que los dos están sujetos a una esclavitud que los desmerece como seres humanos. Tendemos a creer que la víctima no tiene poder aquí, pero sí lo posee: generalmente, obtiene determinados beneficios que cree que no conseguiría sola, la compasión y el apoyo de los demás, el control de las emociones del dominador a través de un sutil y complejo juego de manipulaciones en que ambos se degradan.
Otra forma de victimización es acusar a los demás de que no sean como nosotros deseamos que sean… por su bien. Muchas madres se amparan en esta manera para manejar a sus hijos, a través de la culpa, el dinero, la necesidad, el supuesto amor.
Otros llevan una vida de desgracias y hechos dramáticos y basan su identidad en esta lucha por sobrevivir, en ser fuertes y aguantar, en continuar a pesar de todo, pero es una máscara. La verdadera solución está en prever esta actitud y crear otro tipo de vida, sin necesidad de tanto desgaste de
sufrimientos y “pruebas”.
Cuando estamos en un camino de superación, pasamos de victimizarnos por personas a hacerlo por la Vida, Dios o lo más alto que encontremos. Hace un tiempo, en que estuve en contacto con vidas pasadas, noté que contaba con una nueva excusa: no sólo era infeliz por las experiencias de esta existencia sino también por las anteriores!! ¡Qué estupidez! Por suerte me di cuenta, pero no ceso de encontrar ramificaciones de esta poderosa raíz.
Cada vez que pongo las causas afuera, me victimizo. Cada vez que culpo a alguien, me victimizo. Cada vez que me juzgo menos (menos cualquier cosa), me victimizo. Cada vez que dejo de maravillarme del Ser que Soy, me victimizo. Yo soy el centro de mi mundo. Yo soy el Sol de mi vida. Yo soy Dios. Suena omnipotente, ¿no? No, eso es del Ego. Yo soy los ojos, las manos, las piernas, el corazón de Dios y co-creo con Él el mundo. Pora comenzar, mi mundo”.
¿Cómo nos engañamos creyendo que lo estamos “solucionando”? He notado que muchos están siguiendo libros o películas como El secreto o Qué rayos sabemos y me preguntan porqué, si ellos hacen las afirmaciones y se imaginan lo que desean, no se les cumple. Entonces, se desmoralizan y vuelven a lo anterior para volver a recomenzar y así siguen, en un círculo vicioso que los va hundiendo en la desilusión cada vez más. Creo que es importante desilusionarse, así se puede construir con bases reales y no imaginarias, pero lo importante aquí es esta creencia en lo mágico, en lo instantáneo. La magia existe y es instantánea… después de haber podado las raíces de la victimización y la desvalorización. A riesgo de ser reiterativa: no se puede ocultar una vida de actitudes destructivas con un barniz de lindos pensamientos.
La conciencia es lo único que te sacará de donde estás. Pararte en un lugar de empoderamiento exige que te des cuenta de los lugares de víctima en los que te sostienes encarnizadamente. Y una de los peores cosas que puedes hacer es lucir las “medallas” de tus infortunios: los terribles padres que tuviste, los abusos que sufriste, el cónyuge que te humilla, los hijos que no consideran tus sacrificios, el trabajo degradante que tienes, el país miserable en que vives, las carencias que aguantas, etc., etc., etc.
Escucha atentamente: TÚ CREASTE TODO ESO. ESTE ES TU MUNDO. ¿No te gusta alguna cosa? CREA OTRA. Así como hiciste lo anterior, consciente o inconscientemente, haz algo diferente, ahora conscientemente. Revisa tus actitudes. Deja de lamentarte. Pon manos a la obra, con alegría y entusiasmo. Poco a poco, todo cambiará.
Estamos en el último mes del año. Es un tiempo ideal para liberar. Para dejar ir lo que ya no te sirve, no te representa, no tiene que ver con lo mejor de ti. El año próximo es un año Uno (2+0+0+8=1+0=1). Es el comienzo de un ciclo maravilloso y entrará una Energía extremadamente potente para ayudarte a lograr lo que deseas desde tu corazón. Úsala. Si no, te vendrá en contra porque no podrás manejarla. Súbete a la Nueva Energía y fluye con ella. Estoy para ayudarte.
Autor: desconocido.
Escuela Tántrica Sivaíta España.
